27 de febrero de 2015

Aplastamiento colectivo del lenguaje


"Para un sistema consumista como el que nos tiraniza, es indispensable la reducción del vocabulario, el aplanamiento y aplastamiento colectivo del lenguaje, la exclusión de matices -que muchas veces significa el olvido de los propios deseos- y sobre todo, la pérdida del sentido del goce y la lucidez que la lengua puede llegar a proporcionarnos. Por eso, la empresa consumista es enemiga frontal de la auténtica expresión lingüística, que exige libertad, don de aventura y originalidad y desasimiento total de pautas exteriores para desplegarse en todo su esplendor".

Ivonne Bordelois (Cita de "La palabra amenazada", 2003).

20 de febrero de 2015

El avariento


No nos hemos contentado con sobrevivir a otras especies; hemos extendido nuestros dominios naturales de tal modo, que los proyectos más locamente grandiosos son posibles a nuestra imaginación. (...)
Toda esa seguridad, todo ese orgullo, toda esa victoria no es para todos, sino para unos cuantos. Una minoría traidora ha despojado al resto; los tesoros que la energía común arrebataba a lo desconocido cayeron en poder de los que nada tenían sino la codicia y lo cruel; el hierro y el oro y la ciencia fueron escamoteados por los que nada construyeron, nada descubrieron, nada adivinaron; el palacio magnífico de la civilización fue salteado por ellos, más y más inexpugnables mediante la ajena desdicha y expulsada de los altísimos muros con su sangre amasados, desnuda y abandonada a la eterna intemperie, quedó casi entera la humanidad. Para ella, es decir, para vosotros los que nada poseéis y todo lo creasteis, no han pasado los siglos. Vosotros siervos del desierto ruso, harapientos acosados hasta dentro de Grecia por la ferocidad genízara, lúgubres habitantes de las cuevas bretonas, mineros enterrados vivos bajo todas las patrias, larvas de los subterráneos de Berlín, de Viena y de Londres, Jobs de los estercoleros de Chicago, campesinos moribundos de Italia y de España, esclavos de los gomales y de los yerbales de América, presidiarios de todas las industrias, huesos triturados por las máquinas, apestados del planeta-miseria, infierno sobre el cual se asientan los Estados, pálido pueblo de suicidas, sin más venganza que el crimen, vosotros estáis aún en la remota edad de las cavernas, peor todavía, porque en vuestras cavernas no hay siempre la llama: vuestros niños se hielan; la llama de vuestro espíritu la apaga la desesperación.
Y es que hay algo más terrible que conquistar la Naturaleza: conquistar el hombre. Hay algo más rebelde que la roca, más frío que los témpanos, más despiadado que las fieras y las tempestades, y más negro que todos los abismos: el corazón del avariento.

Rafael Barrett (Cita del capítulo "El problema sexual", del libro "El dolor paraguayo", 1911)

13 de febrero de 2015

Lo único que cuenta en el mundo


No, amigo mío, es terrible tener que admitirlo, pero no hay justicia en el mundo.
Peor aún, no puede haber justicia mientras vivamos bajo condiciones que permitan que una persona se aproveche de las necesidades de otra,  que saque beneficios de ello y que explote a su semejante.
No puede haber justicia mientras un hombre sea gobernado por otro, mientras uno tenga la autoridad y el poder de forzar a otro contra su voluntad.
No puede haber justicia entre amo y criado.
Ni igualdad.
Justicia e igualdad solamente pueden existir entre iguales.
¿Podemos decir que el pobre barrendero y Morgan son socialmente iguales? ¿Y la lavandera y Lady Astor?
Hagamos que Lady Astor y la lavandera entren en cualquier lugar, privado o público. ¿Serán recibidas y tratadas igual?
Simplemente sus ropas determinarán las respectivas bienvenidas.
Ya que sus vestidos, en las presentes circunstancias, indican la diferente posición social de las dos, su situación en la vida, sus influencias y sus riquezas.
Puede que la lavandera haya trabajado duramente durante toda su vida, puede que haya sido el miembro más laborioso y útil de la comunidad. Puede ser que la señora no haya trabajado en su vida, puede ser que nunca haya sido útil en lo más mínimo a la sociedad. Pero será la rica dama quien será bien recibida y a quien se preferirá.
He escogido este ejemplo casero porque simboliza todo el carácter de nuestra sociedad, de toda nuestra civilización.
Es el dinero y la influencia y la autoridad que trae aparejadas consigo, lo único que cuenta en el mundo.
No hay justicia, sino posesión.
Amplía este ejemplo hasta englobar en él tu propia vida y hallarás que justicia e igualdad son palabras huecas, mentiras con las que te adoctrinan, mientras dinero y poder son verdaderos, reales.

Alexander Berkman (Fragmento de la obra "El ABC del comunismo libertario", Capítulo VIII, "Justicia", 1929)

6 de febrero de 2015

¿Y entonces qué queda?

Imágen de "Dekalog I"

"-¿Por qué se muere la gente?
-De un ataque al corazón, de cáncer, por un accidente o de viejo.
-Me refería a qué es la muerte.
-¿La muerte? El corazón deja de bombear sangre y no llega al cerebro. Y luego todo se detiene, se para... muere y se termina.
-¿Y entonces qué queda?
-Las acciones. El recuerdo de lo que hiciste, tu recuerdo. El recuerdo es importante. Recuerdas a alguien por dar brincos o por ser buena persona. Recuerdas la cara, la sonrisa que tenía, si le faltaba un diente. Es demasiado temprano Pawel. ¿Qué esperas de mí? Es muy temprano.
-Dejemos que su alma descanse en paz. No has dicho nada del alma.
-Es una forma de despedirse. El alma no existe.
-La tía Irena dice que sí...
-Algunos encuentran la vida más fácil creyendo esto.
-¿Y tú?
-¿Yo? De hecho no lo sé... ¿En qué estás pensando?
-No es nada... es sólo... Esta mañana estaba contento por haber resuelto el problema. Y vino una paloma a comerse las migas. Cuando encontré aquel perro muerto de camino a la tienda me arrodillé y pensé: ¿Para qué sirve? ¿Para qué saber cuánto tarda Peggy en coger a Gustavo? (en referencia al problema matemático resuelto en la mañana). No tiene sentido.
-¿Qué perro?
-El de los ojos amarillos. Siempre estaba en la basura. Daba mucha pena, ¿sabes? (...) Quizá se encuentre mejor dondequiera que esté."

Krzysztof Kieślowski (Fragmento del capítulo uno de "Dekalog", 1989).