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5 de agosto de 2014

Entonces podremos afirmar...


"Cuando vea que el comercio se hace no por consentimiento de las partes sino por coerción;
cuando advierta que para producir necesito obtener autorización de quienes no producen nada;
cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes no trafican bienes sino favores;
cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo y que las leyes no me protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra mí;
cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podré afirmar, sin temor a equivocarme que su sociedad está condenada.”

Ayn Rand (Fragmento de la novela “La rebelión de Atlas”, 1957)

30 de noviembre de 2011

La vida es un fin en si mismo


Entrevistador: ¿Cuál es el propósito de la vida?
Ayn Rand: Yo diría que la pregunta en sí misma es impropia. Obliga a una respuesta incorrecta. La pregunta debería ser: ¿Cuál es el propósito de tu vida? "Cuál es el propósito de mi vida". Cuál es el propósito de cada individuo en particular por el cual nos preguntamos, pero no cuál es el propósito de la vida. Preguntando de esa manera parece implicar que hay alguien fuera de nosotros, naturalmente un ser sobrenatural, que es el que tiene que prescribir ese propósito, y nosotros deberíamos gastar nuestra vida tratando de descubrirlo y vivir por ello. No existe tal cosa como "el propósito de la vida" porque la vida es un fin en si mismo. La vida es el propósito de la vida. Tú deberías disfrutar tu vida, tú deberías ser feliz en ella.
Tu obligación moral propia es perseguir la más alta forma de felicidad posible para ti y poder explicar y probar tu elección a ti mismo, en términos lógicos y racionales.
Cualquier persona que intente prescribir, incluso sin forzar, simplemente con querer prescribir la felicidad de otras personas, es un monstruo, y no puede alegar moralidad para nada. 

Ayn Rand (Extracto de una entrevista a la filósofa)