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27 de noviembre de 2015

La protección del Estado


"Cuando hablo con el más independiente de mis conciudadanos, me doy cuenta de que diga lo que diga acerca de la magnitud y seriedad del problema, y su interés por la tranquilidad pública, en última instancia no puede presindir del gobierno actual y teme las consecuencias que la desobediencia pudiera acarrear a sus bienes y a su familia. Por mi parte no me gustaría pensar que algún día voy a depender de la protección del Estado. Si rechazo la autoridad del Estado cuando me presenta la factura de los impuestos, pronto se apoderará de lo mío y gastará mis bienes y nos ostigará interminablemente a mí y a mis hijos. Esto es duro. Esto hace que al hombre le sea imposible vivir con honradez y al mismo tiempo con comodidad en la vida material. No merece la pena acumular bienes; con toda seguridad se los volverían a llevar; es mejor emplearse o establecerse en alguna granja y cultivar una pequeña cosecha y consumirla cuanto antes. Se debe vivir independientemente sin depender más que de uno mismo, siempre dispuesto y preparado para volver a empezar y sin implicarse en muchos negocios".

Henry David Thoreau (Fragmento del ensayo "Desobediencia Civil", 1849).

29 de junio de 2015

Hay muy poca virtud en la acción de las masas


"Miles de personas están, en teoría, en contra de la esclavitud y la guerra, pero sin embargo no hacen nada por acabar con ellas; hay quienes (...) se sientan con las manos en los bolsillos, y dicen que no saben qué hacer, y no hacen nada; miles que incluso posponen la cuestión de la libertad a la cuestión del libre mercado y leen en silencio las listas de precios y las noticias del frente de México tras la cena, y hasta se quedan dormidos sobre ellos. ¿Cuál es el valor de un hombre honrado y patriota hoy? Dudan y se lamentan y a veces redactan escritos, pero no hacen nada con convicción y eficacia. Esperan, muy bien dispuestos, a que otros remedien el mal, para poder dejar de lamentarse. Como mucho, depositan un simple voto, y hacen un leve signo de aprobación y una aclamación a la justicia al pasar por su lado. Por cada hombre virtuoso, hay novecientos noventa y nueve que alardean de serlo, y es más fácil tratar con el dueño real de alguna cosa que con los que pretenden tenerla.

Toda votación es un tipo de juego como las damas o el backgammon, con un ligero tinte moral; un jugar con lo justo y lo injusto, con cuestiones morales; y desde luego incluye apuestas. El carácter de los votantes no entra en juego. Quizá deposito el voto que creo más acertado, pero no estoy realmente convencido de que eso deba prevalecer. Estoy dispuesto a dejarlo en manos de la mayoría. Su obligación por tanto, nunca excede el nivel de lo conveniente. Aún votar por lo justo es no hacer nada por ello. Es simplemente expresar bien débilmente ante los demás un deseo de que la justicia debiera prevalecer. El hombre sabio no deja el bien a la merced del azar, ni deseará que prevalezca frente al poder de la mayoría. Hay muy poca virtud en la acción de las masas. Cuando la mayoría finalmente vote por la abolición de la esclavitud, será porque ya es indiferente a ella, o porque queda poca esclavitud para ser abolida con su voto. Entonces ellos mismos serán los únicos esclavos. Sólo acelera con su voto la abolición de la esclavitud quien afirma por medio de él su propia libertad".


Henry David Thoreau (Fragmento de "Desobediencia Civil", 1848).

6 de agosto de 2012

Lujos y comodidades


La mayor parte de los lujos, o las llamadas comodidades de la vida, no son solamente innecesarios, sino también impedimentos para la elevación de la humanidad. En lo que se refiere a los lujos y comodidades de la vida, diré que los más sabios siempre han vivido vidas más simples y pobres que las vidas de los mismos pobres.

Henry Thoreau (Fragmento de "Walden, la vida en los bosques")

7 de marzo de 2012

No deseaba vivir lo que no era vida

"Me fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, hacer frente solo a los hechos esenciales de la vida y ver si podría aprender de lo que me tenía que enseñar para no descubrir en el momento de mi muerte que no había vivido. No deseaba vivir lo que no era vida. La vida es un tesoro. No quería practicar la resignación, a menos que fuera estrictamente necesario. Quería vivir intensamente, absorber todo el jugo a la vida; vivir de la forma más sencilla y espartana posible, alejándome de todo lo que no fuera vida. Vivir de forma tan deliberada como la naturaleza lo hace."

Henry D.Thoreau (Extracto de "Walden")

29 de abril de 2010

La revolución pacífica

"Si la alternativa es: mantener a los justos en prisión o renunciar a la guerra y a la esclavitud, el Estado no dudará al elegir. Si un millar de personas rehusaran satisfacer sus impuestos este año, la medida no sería ni sangrienta ni violenta, como sí, en cambio, el proceder contrario, que le permitiría al Estado el continuar perpetrando acciones violentas con derramamiento de sangre inocente. Y esa es, de hecho, la definición de la revolución pacífica, si tal es posible. Si el recaudador de impuestos o cualquier otro funcionario público me pregunta, cómo así ha ocurrido ya, 'pero ¿qué he de hacer yo?', mi respuesta es: 'si en verdad deseas colaborar, renuncia al cargo'. Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido. Suponed, no obstante, que hagan correr la sangre. ¿Acaso no se vierte ésta cuando es herida la conciencia? La auténtica virilidad e inmortalidad del hombre se pierden por esa herida, y aquél se desangra hasta la muerte eterna. Y yo veo correr ahora esos ríos de sangre".

5 de diciembre de 2009

“Antes que el amor, el dinero, la fe, la fama y la justicia, dadme la verdad”


"Durante seis años dejé de pagar mis impuestos como votante. Por este hecho pasé una noche en la cárcel y mientras miraba las paredes de piedra sólida, la puerta de madera y de hierro y las ventanas cruzadas por barras de acero, no pude dejar de impresionarme por la estupidez de esa institución que me trataba como si fuera un paquete de carne, sangre y huesos que debía ser encerrado bajo llaves... En momento alguno me sentí confinado, y aquellos muros me parecieron un gran mal gasto de piedras y mortero... En cada amenaza y en cada cumplido saltaba el desatino; pues creían que mi mayor deseo era el hallarme del otro lado del muro. Y no podía dejar de sonreírme al ver con qué diligencia y cuidado me cerraban la puerta cuando me enfrascaba en mis meditaciones, que los seguían afuera sin problema ni dificultad, no siendo sino ellos todo lo que allí era peligroso. Vi que el Estado era de pocas luces y que no era capaz de distinguir amigo de enemigo, de manera que le perdí el resto del respeto que aún me quedaba y le compadecí".

Henry David Thoreau (Fragmento de "La desobediencia civil", 1848).